AMAR A LA PSICOLOGÍA Y AMARTE
Aun no salieron las listas
definitivas pero sí las provisionales y…no hubo plaza este año.
Afortunadamente ya las aguas se
calmaron (como debía de ser, porque como dice el refrán “no hay mal que dure
100 años, ni cuerpo que lo resista” xD) Ya la aceptación llegó; acepté que
aunque hice un gran esfuerzo hace falta aún más. Comprendí que obtener plaza PIR depende de muchos factores, algunos que controlo y otros que no. Así que a dar más. Mucho
más. Porque sigo queriendo la meta que me propuse, esa que dice PLAZA PIR.
Porque sigo queriendo trabajar donde la
vocación me acompañe de la mano día tras día. Porque soy y me siento
psicóloga clínica, y aspiro a ser de las mejores en ello. Y para eso, el PIR es el mejor camino que encuentro.
Y ¡yo que un día pensé que había escogido el
camino más fácil! Sí, el fácil en el sentido de que se trataba de estudiar y
estudiar… justo lo que he venido haciendo desde muy pequeña, justo hacer algo en lo que tenía bastante experiencia y en lo que me desenvolvía muy bien… ¡Ay qué
novata! Novata total. Sin embargo, sigo pensando que aunque me puede resultar
difícil (sobre todo porque no vivo en una burbuja apartada del mundo. No. Vivo
con gente a mí alrededor a la que le pasan cosas, donde me pasan cosas; cosas
que me tocan, me aprietan y algunas casi ahogan), a pesar de eso, puedo. Puedo porque quiero. Y querer es poder.
Esa es una de mis frases favoritas contrastadas empíricamente con nivel 1 de
eficacia. (Poniéndole algo de humor al
tema)
Luego me fui enterando qué era
realmente el PIR… fui descubriendo que el entrenamiento para pasar el examen
que te abre las puertas para una preparación de calidad donde prima la práctica
y no la teoría, esa preparación, puede ser mucho más. El PIR es aguante, es
madurez, es voluntad, es momentos de sacrificios, es momentos de indecisión en
los que te encuentras pros y contras a partes equivalentes que igualan la
balanza y que hacen que se bloqueen tus recursos para decidir entre darte esas
vacaciones (que sabes que tanto te mereces y sobre todo, que tanta falta te
hacen) o seguir con el planning porque esa fecha aún no es tu fecha de
vacaciones y como empieces a desvariar cambiando los días de estudios… a ver qué
consigues, a ver dónde quedó tu responsabilidad y tu dureza para lograr lo que
quieres; porque… ¿sabes qué? Tienes una meta, tienes un compromiso contigo misma. Y eso mismo, el PIR es compromiso, es una
decisión que muchos tomamos, algunos sin estar totalmente convencidos, otros
con la total convicción de que nacieron para esto. Algunos tropiezan con
oportunidades que no pueden dejar pasar y aplazan el PIR para más adelante,
otros re-evalúan su decisión y deciden cambiarla. Otros… nos empeñamos en
conseguir lo que un día empezamos (porque mantenemos la misma meta y no se han dado cambios en nuestra lista de "lo que quiero") y como ya nos hemos dado todas las razones
del mundo, ya solo nos queda decirnos (y nos lo decimos): “esto me lo saco yo
por mis cojones”.
Puede que lo anterior dé una
impresión de rigidez, pero no, no se trata de seguir el planning tal cual te lo hiciste el día que te lo hicieras. Se trata de escucharte, de que cuando tu cuerpo te dice “tía para o dejo de acompañarte desde
aquí” darte descansos y respiros aunque no estuvieran en tu planning en un primer momento. Se trata de mantener tu equilibrio para llegar hasta donde quieres.
El PIR es arriesgar. Arriesgar tu todo (todas esas horas de todos esos meses
sentada en una silla, toda tu templanza, todas tus ilusiones, todas tus ganas, todas
tus fuerzas y energías, todo lo que has estudiado, todo lo que dejas por el camino, y lo que encuentras en él…) a un máximo de cinco horas, a unas 235 preguntas, a
un tribunal que a ver cómo ha redactado las preguntas y las opciones a ellas, a unas
impugnaciones injustas…y cómo no, arriesgar tu todo a tu plaza, una plaza que
es la razón por la que arriesgas tu todo.
En definitiva, diría que el PIR es
amar a la psicología y amarte.
Es adorar la psicología porque si
no, no me imagino echando tantas horas delante de tantos tochos de libros,
apuntes, papeles en sucio para estudiar, reglas nemotécnicas, todo todito sobre
psicología; y a pesar de que tus días tengan siempre el mismo tinte psicológico
disfrutar y no aburrirte. Y si cabe, incluso querer más.
Es ver que tu mejor opción para ser profesional en esta
área es la preparación PIR y luchar como una auténtica guerrera hasta lograrlo.
Y sí, digo lucha porque aunque el camino hasta el examen puede ser placentero
por el disfrute de la materia que estudias, por lo que la vida pueda ponerte
delante a raíz de esa decisión, es una lucha de obstáculos hasta que llegas a la
gloriosa meta. Si no lo amases no estarías en esta batalla. Una batalla anual que
concluye con tu guerra cuando ves que tu número de orden (ese no se te olvida
en la vida eterna, vamos, ni siquiera cuando en tu otra vida seas un gusarapo)
te abre las puertas a tu nuevo camino de especialista. Ese número de orden que
te regalará las mil y una enhorabuenas por haberlo
conseguido, la satisfacción personal,
el orgullo propio y de los tuyos,
esos que te han acompañado durante el camino hasta el éxito, o según se mire,
esos que no te han hecho compañía dejándote estar sola en esa habitación, en
esa biblioteca, cuando se les ha pedido.
Es querer y quererte. Es quererlo.
Es querer y quererte. Es quererlo.




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